Acerca de

Ausculta, O fili, præcepta Magistri, et inclina aurem cordis tui.” (Escucha, oh hijo, los preceptos del Maestro, e inclina el oído de tu corazón.) Así comienza el prólogo de la Regla de San Benito, aquél que enseñó como vivió, según nos dijo San Gregorio. Siendo humilde, pequeña, carente de adornos, poco original, en un latín indocto y de pobre estilo, fue, sin embargo, el escrito que cimentó la Cristiandad occidental. En esta corta frase que usamos de título, San Benito sintetiza la condición, la disposición, el modo y el motivo del verdadero aprendizaje. “Escucha”, haz silencio, disponte a oír en el “sibilus auræ tenuis” (el murmullo de una brisa ligera). Aprender es una moción del corazón y no un simple contrato comercial entre un maestro y un alumno, por lo que el primero debe ser digno del último, como padre e hijo. El maestro debe amar al alumno y transmitirle lo que él ama, no “venderle” unas ideas. El propósito de “la escuela” es para Sócrates, San Benito, Santo Tomás de Aquino y el beato Cardenal Newman el cultivo de una amistad… una amistad en la sabiduría por ella misma. Este lugar busca humildemente inducirnos a pensar la educación y el aprendizaje de otra manera, a la manera “normal”, a la manera del amor. A renacer en la admiración y elevar nuestra vista hacia “el Amor que mueve el sol y las estrellas” (l’amor che move il sole e l’altre stelle). Este sitio pretende ayudarnos a enseñar y a aprender desde la admiración y la belleza.

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