Dennis Quinn, in memoriam

Panegírico ofrecido por el obispo James Conley del Dr. Dennis B. Quinn en la misa funeral de éste, celebrada en el St. Lawrence Center (Lawrence, Kansas, EE.UU.) el 18 de marzo de 2011.

Mi nombre es obispo James Conley, obispo auxiliar de la arquidiócesis de Denver y ex alumno del profesor Dennis Quinn y del Programa de Humanidades Integradas (IHP) aquí en la Universidad de Kansas. En nombre del padre abad Philip Anderson, abad de Nuestra Señora de la Anunciación de Clear Creek, el prior padre Francis Bethel, también de ex alumnos del Dr. Quinn y del IHP, el padre Steve Beseau, actual director del Centro de Estudiantes Católicos St. Lawrence, de monseñor Vince Krische, ex director durante mucho tiempo del Centro St. Lawrence y buen amigo del IHP, quisiera extender nuestras oraciones y condolencias a la familia Quinn, especialmente a su hijo Tim, sus hijas Monica y Allison, y a toda la familia por la muerte de su padre, y padrino, y maestro y amigo, Dennis B. Quinn.

En este tiempo penitencial de Cuaresma, un tiempo de oración y penitencia, nuestros pensamientos y reflexiones se dirigen hacia el Misterio Pascual de Cristo, esto es la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, que celebraremos como culminación de este tiempo de Cuaresma en la Semana Santa, particularmente durante el Sagrado Triduo.

El Misterio Pascual de Cristo es el misterio del amor de Dios por nosotros, el amor que nos redimió de nuestros pecados, el amor que fue clavado en la cruz, el amor que se levantó de la muerte al tercer día.

Y todos estamos llamados por Dios a vivir este amor misterioso en nuestras vidas; a imitar este amor, a manifestar este amor, a radiar este amor, en nuestros pensamientos, palabras y obras cada día. Esto necesariamente significa que debemos morir a nosotros cada día. Que debemos morir al egoísmo, al orgullo, a la ingratitud, a la vanidad, a la autoindulgencia, al pecado que está “demasiado con nosotros; tarde y pronto”, una parte de nuestra naturaleza humana. De esto es de lo que se trata la Cuaresma.

A través de nuestra re-dedicación a la oración en Cuaresma, a través de nuestro ayuno, mortificación y sacrificios, a través de nuestra limosna y renovada generosidad hacia los otros, nos despojamos del “hombre viejo” y nos revestimos del hombre nuevo una vez más, nos revestimos de Cristo de una manera nueva.

Las lecturas elegidas para la misa funeral de hoy nos recuerdan esto. Nos recuerdan que no somos más que peregrinos en este mundo. Que hacemos nuestro camino a través del mundo como compañeros peregrinos que persiguen un reino que es real, pero que es siempre elusivo y sobre el cual sólo vemos destellos a lo largo del camino. Destellos que inspiran esperanza y nos recuerdan nuestro destino. A pesar de la adversidad y nuestras caídas, avanzamos con rapidez como peregrinos felices, como recién nos recordó la primera lectura del libro de la Sabiduría: “a los ojos de los hombres, ellos fueron castigados, pero su esperanza estaba colmada de inmortalidad; por una leve corrección, recibirán grandes beneficios”. Y “los que confían en él comprenderán la verdad y los que le son fieles permanecerán junto a él en el amor”.

Y cuando la esperanza se revela ella misma así como sucederá al pasar de esta vida a la próxima, como nos dice San Pablo, “en un instante, en un abrir y cerrar de ojos” y “lo que es corruptible debe revestirse de la incorruptibilidad y lo que es mortal debe revestirse de la inmortalidad”.

Y entonces diremos: “¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está tu aguijón?” O con las palabras de su amado poeta, John Donne: “Muerte, no te enorgullezcas, aunque algunos te hayan llamado / poderosa y terrible, no lo eres; / porque aquellos a quienes crees poder derribar / no mueren, pobre Muerte; y tampoco puedes matarme a mí”.

El Dr. Quinn conocía todas estas verdades y las enseñó a sus alumnos. Nos enseñó a ver el mundo con los ojos del asombro. Nascantur in Admiratione: dejadlos renacer en la admiración, el lema del IHP, que podamos ver más fácilmente aquellos destellos, aquellas manifestaciones de aquel reino, aquel mundo invisible que, como el beato Juan Enrique Newman tan frecuentemente decía, “se haga más real que el mundo visible que está constantemente pasando de largo ante nuestros ojos”.

En su prefacio a la obra maestra del Dr. Quinn, Iris Exiled: A synoptic history of wonder, el padre jesuita James Schall estampó estas palabras: “maravillarse de lo maravilloso es la vocación de Dennis Quinn”. Ésta fue su pasión. A través del Programa de Humanidades Integradas que inició y dirigió, y por el que combatió para mantener su existencia, sin duda con la ayuda de sus dos queridos colegas, John Senior y Frank Nellick, pero que sea sabido que el IHP nunca hubiese existido, nunca hubiese durado lo que duró, si el profesor Quinn no hubiese batallado contra los poderes que fuesen para conservarlo. El Dr. Quinn nos enseñó a tener este mismo sentido de lo maravilloso y este amor al aprendizaje, esta misma pasión por la verdad, el bien y la belleza, ¡y esto cambió nuestras vidas para siempre! ¡Nunca volvimos a ser los de antes! Verdaderamente renacimos, es un decir, en la maravilla. Veíamos el mundo de manera diferente.

El profesor Quinn llamó a este tipo de aprendizaje “educación por las musas” o “modo poético” de educación. Nos introducía en la realidad a través del deleite. Esto abrió todo un mundo nuevo para nosotros. Un mundo que estaba lleno de misterio y belleza, pero también un mundo que era muy real y tangible. Esto no era mera fantasía o idealismo soñador, como escribió una vez en un ensayo: “Díganme  si  no: el  asombro  no  es  una  sentimentalidad  azucarada sino,  por  el contrario, una poderosa pasión, una especie de temor, una fea confrontación con el misterio de las cosas”.

Este tipo de educación, educación por las musas o educación poética, era un tipo de enseñanza participativa ya sea por la poesía que memorizábamos y luego recitábamos, las canciones que cantábamos antes de clases, la observación de las estrellas que hacíamos a la noche al oeste de Lawrence, las ferias rurales yanquis, la magia de los vals de primavera, los banquetes y fiestas en la casa de té del castillo de Lawrence, los viajes a Italia, Grecia e Irlanda —participábamos en la misma cosa, experimentábamos la realidad de lo que estábamos aprendiendo. De nuevo, volviendo a Newman, nos movíamos del asentimiento meramente nocional a la verdad, donde entendíamos las cosas de un modo nocional primario a través del intelecto, nos movíamos al asentimiento real, al entendimiento real que compromete todo nuestro ser. “Las musas presentan una vida fresca, como si la viéramos y experimentásemos por primera vez.”

El Dr. Quinn explicó esta modalidad en aquel mismo ensayo: “La educación por las musas es participativa. Cantar una canción de amor no es idéntico a estar enamorado, pero es participar de alguna manera en esa experiencia. Cuando un niño ve el centelleo de una estrella lo sabe directamente, cuando canta la rima conoce el centelleo indirectamente participando en él. La poesía y la música, e incluso la astronomía a este nivel, no deben estudiarse, sino ¡realizarse!”

Para muchos de nosotros este tipo de educación nos predispuso al don de la fe por primera vez en nuestras vidas, y muchos nos convertimos a la Iglesia Católica. ¡Y esto metió al Dr. Quinn y a sus colegas en un montón de lío con la universidad! Fueron acusados de ser conspiradores corrompiendo las mentes de jóvenes nada sospechosos, de manera muy parecida a lo que sucedió con Sócrates. Pero esto es lo que ocurre cuando te abres a los misterios, la gracia puede atraparte y nunca dejarte ir.

Ayer, Monica me contaba una historia sobre su padre que tuvo lugar en una reunión de la Sociedad Belloc en la casa de té del Castillo. Estaba contando el hecho de que tuvo una cirujía de columna muy seria en la secundaria y que casi muere en el procedimiento, una especie de meningitis. Tuvo que usar una estructura durante años. Musitaba que de haber muerto entonces, nunca hubiese conocido a Eva, su amada y devota mujer. Ustedes hijos nunca hubiesen nacido y el IHP nunca hubiese existido. Ninguno de nosotros sería probablemente católico. Clear Creek nunca hubiese llegado a existir. Yo no sería obispo, y etcétera, etcétera. Y dijo esto de manera muy humilde y agradecida. Él también se sorprendió con lo que pasó en y a través del IHP —lo que llamó con frecuencia “un experimento de tradición”.

Y esta humildad y esta gratitud por lo que Dios había hecho en su vida estuvo siempre muy presente ante él, incluso hasta el final.

Recuerdo muy bien nuestra última reunión del IHP en 2006. Tuvo lugar al este de la ciudad de Lawrence, en el campo, y fue un día de verano de calor flameante en Kansas. El Dr. Quinn llevaba puesta su gorra irlandesa tradicional de cuero negro y su pulcro saco de tweed característico. Scott Bloch hacía de maestro de ceremonias y preguntó al Dr. Quinn si quería decir unas palabras. ¡El profesor Quinn nunca se perdía una oportunidad para hablar! Recuerdo esto muy bien porque tomó el micrófono sin dudarlo. ¡Todos sabemos que gustaba de ocupar el centro del escenario y que nunca se quedaba sin palabras! Pero esta vez luchó con fuerza por formar una oración. Estábamos todos muy silenciosos y nerviosos porque sabíamos que la demencia había comenzado a cobrar su precio. Pero de repente dijo dos oraciones muy claras y coherentes: “Gracias a todos por venir. Estoy tan agradecido de haber tenido tan buenos alumnos a los que enseñar.”

Incluso en aquellos últimos años en la residencia para mayores en Eudora, donde su querida Alison tanto lo cuidó, visitándolo casi todos los días, como hicieron muchos otros, siempre estaba agradecidísimo con el personal por cada cosa que hacían por él.

Gratitud y agradecimiento a Dios, al final, ésta debe ser nuestra oración a Dios por  la bondad y la gracia recibidas por nosotros a través de la vida de Dennis Quinn.

Y es a través del Santo Sacrificio de la Misa ofrecido por el descanso pacífico y eterno de este fiel servidor y extraordinario maestro que podemos mejor expresar nuestra gratitud. El Evangelio de San Juan nos recuerda: “el que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día; porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida”. El profesor Quinn creía estas palabras de Jesús y las vivía en su vida.

El Dr. Quinn ya no es más un peregrino. Su búsqueda romántica por la maravilla ha sido completada. Lo que alguna vez fueron simples destellos y ocasionales perspicacias, ahora son vistas con claridad. Él está cara a cara con los misterios que enseñó.

Y aquéllos de nosotros que estamos aún en nuestro camino de peregrinación, damos gracias a Dios por este gran hombre y rezamos por su alma. Y anhelamos el día cuando nosotros también nos reunamos con aquéllos que se fueron antes que nosotros.

Y, finalmente, a aquéllos que aún se preguntan qué fue todo eso del IHP, los dejo con las palabras del propio hombre:

“Tal  vez,  después  de  todo,  sea  verdad  la  mitología  acerca  del  IHP.  Tal  vez  sí  somos conspiradores. Y nuestra conspiración se extiende más allá de lo internacional hacia la esfera celestial; conspiramos con las estrellas; conspiramos con esos espíritus que habitan en el aire, no sólo en sus libros sino en las verdades vivas que son más un destello de luz que una doctrina o  un  dogma.  Uno  podría  tener  compañía  mucho  peor.  ¡Oh  co-conspiradores  de  todas  las edades! ¡Odiseo, el gran provisor! ¡Sócrates, compañero corruptor de la juventud! ¡César y Eneas,  amantes  latinos!  ¡Moisés  y  San  Pablo,  derribados  por  Dios!  ¡Rolando,  el  caballero! ¡Chaucer, débonnaire,  y  todos  nuestros  peregrinos  compañeros!  ¡El  caballero  de  la  triste figura! ¡Oh dulce príncipe! Que todos vosotros sigáis con nosotros.”

Requiescat in pace!

[https://adraughtofvintage.com/2011/04/23/bishop-conleys-eulogy-for-dr-dennis-quinn/]

Foto de arriba: Los profesores Nelick, Quinn y Senior en el Programa de Humanidades Integradas de la Universidad de Kansas.

Foto de abajo: El autor, S.E.R. James D. Conley, actual obispo de Lincoln (Nebraska, EE.UU.), ex alumno del IHP.

2018-02-02_-_Bishop_James_Conley

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