Tributo al Dr. John Senior

RECUERDO DE NUESTRO MAESTRO
(Tributo al Dr. John Senior)

¿Cómo seremos recordados tiempo después de muertos? Por un tiempo seremos recordados por nuestra familia, nuestros amigos cercanos, tal vez por unos pocos de nuestros descendientes. Pero en pocos años, la memoria viva de nosotros habrá desaparecido, y quedaremos reducidos a un nombre en una lápida.

Ocasionalmente una gran persona —un santo, un misionero, un maestro— queda en la memoria por largo tiempo después de muerto. Un hombre así fue el Dr. John Senior. El 8 de abril de 2004, en el quinto aniversario de su muerte, quisimos recordar a un gran maestro que aún vive a través de sus ex alumnos. A algunos los había tenido hacía más de veinte años, y a través de ellos, aún conversa con otra generación. Algunos alumnos del Dr. Senior enseñan ahora a sus propios hijos o son ellos mismos maestros.

“John Senior enseñó durante años junto a sus buenos amigos Dennis Quinn y Frank Nelick en el Programa de Humanidades Integradas de la Universidad de Kansas. Una vez que ese programa fue blanco de ataques en la asamblea universitaria, el Dr. Senior se levantó para hacer la apología del mismo, y comenzó aclarando que él no era un orador público sino un maestro de escuela. Eso no era falsa humildad o un simple truco retórico; más bien era John  Senior señalado una simple verdad, algo que hizo toda su vida.” He aquí unos pocos simples recordatorios de un gran maestro por sus alumnos.

Amor por la Verdad

“Creo que la principal razón por la cual el Dr. John Senior era un maestro tan sobresaliente es que tenía un genuino amor por la verdad así como por sus alumnos. Reverenciaba tanto a los grandes pensadores, historiadores y escritorios del pasado que la admiración por la sabiduría de éstos nos era naturalmente transmitida.”

“Con todo su ser, John Senior creía que la Fe católica representa la expresión más alta. Amaba la lengua latina porque era su lengua. Amaba a San Benito como patrono de Europa y a su regla monástica como el arado de la Cristiandad. Amaba a los Padres y a Santo Tomás de Aquino. Rezaba el antiguo Oficio Divino y predicaba los méritos de la liturgia romana tradicional. Amaba a la Bendita Virgen María y a todos sus ángeles. Amaba el Santo Sacrificio de la Misa porque allí encontraba al mismo Cristo.”

“John Senior enseñaba con los Dres. Quinn y Nelick a través de conversaciones acerca de la civilización occidental, griega, romana, medieval y moderna. Estas conversaciones, o giros, eran celebraciones, a una reunión de ideas que encontramos en las grandes obras. La contemplación de lo natural, las simples vueltas de una conversación, o los giros de las constelaciones, la poesía o la caligrafía, nos conducían a lo sobrenatural. Mientras leíamos los grandes libros, adquiríamos verdadera sed por la verdad y una base para el discernimiento de otras obras. La belleza de lo natural nos mostraba la verdad de lo sobrenatural.”

Escribe el Dr. Senior,

“En tu educación, pasada y futura, en la búsqueda de la felicidad, en el matrimonio, en la amistad, en tu vocación, en la recreación, en la política y en tu trabajo ordinario, si puedes encontrarlos; en el largo plazo, deberás hacerte la pregunta acerca de todo lo que es: ¿de qué son parte todas estas actividades y compromisos? ¿qué es lo que los integra? Si te olvidas de todo lo que aprendiste en la universidad —la mayoría te lo vas a olvidar— recuerda al menos esta pregunta (será la única pregunta del último examen final que te hará tu consciencia en la última hora de tu vida): En tu búsqueda de horizontes, de cosas horizontales, ¿has fallado en elevar tus ojos y tu mente y corazón hacia las estrellas; a la razón de todas las cosas, y más allá, como dijo el gran poeta Dante ‘al amor que mueve el sol / y las demás estrellas’?” (La Integración del Conocimiento).

Ésta es, entonces, en gran parte la razón del amor de John Senior por la Regla de San Benito “…que en sentido estricto regula los monasterios y en sentido amplio, a través de su influencia y el ejemplo de los monasterios, especialmente en su amor a Nuestra Bendita Madre, civilizó Europa. El hábito de los monjes, las campanas, la vida ordenada, la ‘conversación’, la música, los jardines, la oración, el trabajo duro y los muros; todas estas formas accidentales e incidentales conformadas en la vida moral y espiritual del amor de María y de su Hijo” (La Restauración de la Cultura Cristiana).

Amor por la Enseñanza

“Visitar al Dr. Senior, ya sea caminando por el campus como sentados en su oficina, me hacían sentir como que era el único en el mundo escuchando aquellas verdades, que seguramente había repetido miles de veces antes. Pronto descubrí que no era un maestro ordinario, que algo más había ahí. Amaba su trabajo y ese mismo amor desbordaba sobre mí. Era contagioso. Recuerdo hablar con él una vez después de clases sobre cierta escena de la Ilíada y, luego más tarde, en su oficina, acerca de Sócrates. Sus explicaciones simples de estas obras y la profunda penetración que tenía de la civilización occidental me estimulaban a aprender, a desearlo tanto hasta que aquel tiempo quedase siempre presente. Recuerdo que una vez describió la tarea que realizaba con tal gozo y elegancia como la de un acomodador que acompañaba a la gente hasta la poesía, la literatura y la historia de nuestra civilización.”

“Tranquilo y nada pretencioso, el Dr. Senior no empleaba ninguna técnica dramática o entretenida para ganar la atención de sus alumnos. Por el contrario, asumía que el asunto entre manos solo era suficientemente serio como para que sus alumnos estuviesen atentos a esto. Tenía una mente maravillosa combinada con pasión por el bien, la verdad y la belleza. Aún puedo escucharlo leyendo en voz alta un pasaje de la Odisea donde Penélope descendía una escalera, lanzándose luego a un bello discurso poético sobre el ideal femenino. El Dr. Senior era un maestro genuino, sin afectación ni condescendencia, lleno de tacto gentil y buen humor, y siempre cercano.”

“Recuerdo cuando tomaba un tema, tal vez uno que había sido presentado por otro antes, y lo desarrollaba como una sinfonía de Mozart, exponiendo nuevas líneas y encontrando juguetonamente nuevas voces. Finalmente, regresaba al comienzo, aunque pensábamos que ya había perdido el hilo, y sin esfuerzo conectaba todo con el tema original. Era como música; era música.”

Amor por sus Alumnos

“Un maestro debe amar a sus alumnos, antes de poder enseñar y, por lo tanto, antes de que ellos puedan aprender. Pero si los ama por amor de Cristo, su enseñar es un acto de caridad. Sus alumnos respondían a esa caridad. Con frecuencia, adultos que ya habían terminado la universidad regresaban los martes y jueves para volver a visitar el salón de conferencias y escuchar la conversación del día. Escribían al Dr. Senior quien los alentaba en sus vocaciones, y los guiaba en sus decisiones.”

Un ex alumno describe la escena:

“Era sorprendente cómo era capaz de mantener atento durante una hora y media a nuestro grupo de chicos casi siempre distraídos y frecuentemente agotados. Y dulcemente volvía a muchos de nosotros (y éramos más de cien los primeros años) a la admiración y el amor de la Verdad, el Bien, la Belleza y Dios. Muchos de los estudiantes que recibía estaban bastante perdidos… desesperados de llevar una vida siempre buena y alegre; y así conduciéndonos hacia las grandes verdades y valores que dan sentido a la existencia humana y la hacen digna de ser vivida, cambiando o, incluso, salvando muchas vidas.

Él reconocía que participábamos de algo más grande que nosotros mismos, que nuestro gran deber es escuchar y ser dóciles al misterio de las cosas y a los grandes maestros, quienes a través de su docilidad ingresaron al mismo misterio. Y él mismo era un maestro en el arte de ayudar a sus alumnos a participar de esta conversación, en su contemplación de las grandes verdades, así ayudándonos a adquirir el gusto por lo absoluto.”

“Ya era un católico bautizado; pero con un muy pequeño conocimiento de mi fe excepto que creía que era verdad. De modo que en cierta forma yo aprendía como una especie de ‘pagano’… Un poco después ese mismo año una chica me invitó a asistir a una clase de catecismo que enseñaba el Dr. Senior. Hablaba de los ángeles. Estaba tan sorprendido de encontrar a alguien que creyese en ellos; y encontrar que había tanto tan desconocido para mí acerca de mi propia fe.”

En su correspondencia con un estudiante, el Dr. Senior escribió:

“Ruego de que encontréis la misa. Por supuesto que estamos viviendo ‘inter’ y tenemos que tomar los restos de gracia que caigan de la mesa del Maestro. Nos merecemos menos, nos merecemos nada y menos que nada, habiendo abusado de las gracias recibidas. La forma de vida ordinaria es vivir de pan y vino (incluso con algunos dones extras como el tabaco) y ser sostenidos en nuestro camino espiritual por Su Cuerpo y Sangre. Pero podría ser como Juan el Bautista que debamos vivir de algarroba y miel en el desierto, donde tal vez un cuervo nos lleve la Eucaristía una vez al año en Jueves Santo como a los Padres. ¡Quiero decir que tus hijos pueden llegar a tener que crecer como los hijos del desierto! Con el amor y las enseñanzas que les das, sobrevivirán y florecerán.”

El mayor maestro es el Ejemplo

“Solía verlo antes de clases; sus piernas cruzadas, sentado hacia atrás, usualmente una mano en el bolsillo. Solía imaginar qué grandes pensamientos estarían rondando su cabeza. Sólo después llegué a la conclusión de que no era pensar lo que estaba haciendo, supongo que estaba rezando. Rezaba en silencio —rezaba antes de clases—; en tiempos ordinarios una cosa ordinaria. En aquel tiempo y lugar donde la oración pública no estaba permitida, ahora creo que rezaba.”

“Dijo una vez en Catecismo que sin las oraciones de la Iglesia no podríamos hacer nada. Que todas las enseñanzas suyas y de los otros profesores no valían nada a menos que se continuasen las oraciones de la Iglesia. El Pequeño Oficio de la Virgen ya no se decía en ninguna iglesia en la base del monte Oread. Las hermanas cuya vocación era cantar el Pequeño Oficio ya no lo hacían, entonces alguien tenía que hacerlo. Por eso es que un puñado de estudiantes universitarios, quienes apenas sabían latín y sabían aún menos canto gregoriano, cantaban vísperas del Pequeño Oficio los días de semana.”

“Cantábamos las vísperas al final de la tarde, y los jueves después de eso teníamos catecismo con el Dr. Senior en una casa de estudiantes cercana. Aún recuerdo a la muchedumbre ahí y el tema de mi primera lección. El Dr. Senior habló sobre la gloria de lo invisible y de los ángeles, y de cuán grande era lo invisible en comparación con lo visible. Él dijo que como católicos no hacíamos proselitismo en voz alta, sino que hacíamos silenciosos actos de consagración. Nos mostraba que durante siglos, la Tradición nos enseñaba cómo hacer la Señal de la Cruz en forma secreta. Tocando el pulgar y los dedos índice y medio juntos para simbolizar la Trinidad y luego golpeando nuestro corazón tres veces, podíamos consagrar cada cosa que hacemos durante el día al honor y la gloria de Dios.”

El Dr. Senior amaba la misa latina tradicional y llevó a varios de sus estudiantes a descubrir sus tesoros. “Cualquiera sea lo que hagamos en el orden político y social, el fundamento indispensable es la oración, cuyo corazón es el Santo Sacrificio de la Misa, la oración perfecta del mismo Cristo, Sacerdote y Víctima, recreando de manera incruenta el mismo sangriento Sacrificio del Calvario. ¿Qué es la cultura cristiana? Esencialmente, la Misa.” (La Restauración de la Cultura Cristiana).

“No sé nada de primera mano, por supuesto, acerca de su camino espiritual personal, pero mi impresión es que su vida interior era profunda y fuerte. Su amor de Cristo permeaba su ser y se manifestaba en su humildad, su sabiduría, su humor y su solicitud por sus alumnos. Recuerdo que en nuestra reunión de 1995 se explayó sobre las palabras finales de San Juan a su rebaño: “Hijitos, ámense los unos a los otros”. Como su santo patrono, el Dr. Senior nos amaba lo suficiente como para compartir con nosotros la Verdad Eterna y el Amor Eterno. ¡Nosotros sus estudiantes fuimos verdaderamente bendecidos al conocerlo!”

Nuestra vida como preparación del Cielo

“En la vida diaria ordinaria de los hombres en una cultura cristiana que trabajan no sólo con el sudor de sus frentes, sino por el amor de sus familias, existe también un amor al trabajo”. John Senior escribe: “cuando los hombres cortan leña o van a la guerra o hacen el amor a sus esposas, o cuando las mujeres tejen o lavan y devuelven ese amor, están trabajando no sólo por el deber cumplido, para que sus hijos nazcan y crezcan, tengan ropa que vestir y comida que comer. Sino que también están trabajando para que sus hijos sean algún día santos en el Cielo. Están trabajando como verdaderos instrumentos del amor de Dios para crear una suerte de jardín celestial aquí y ahora en sus hogares, donde toda hacha se convierta en un violín, todo telar en un harpa, todo día en una oración, toda hora un salmo.” (La Muerte de la Cultura Cristiana).

Un último tributo conmovedor de un ex alumno al enterarse de la muerte del Dr. Senior: “Su muerte; qué realidad chocante para mí. ‘Toda vida es una preparación para la muerte.’ Y mi maestro ha muerto. Al escuchar las noticias, me levanté y conduje hasta Misa. Y luego recé por él. No puedo pensar en ninguna otra cosa que hubiese querido que yo hiciera por él. En John Senior podía ver que él poseía algo que yo deseaba muchísimo. Amaba a mi maestro. Mi maestro amaba la Verdad. Entonces yo también quería amar la Verdad.”

Así concluimos este recordatorio de nuestro querido maestro con sus propias palabras en el capítulo final de La Restauración de la Cultura Cristiana donde reflexiona sobre el gran amor de Nuestra Señora. Somos tanto más ricos por haber aprendido de él y tanto más humildes por el deseo de enseñar a nuestros hijos y a nuestros alumnos de alguna pequeña manera como él nos enseñó a nosotros. “Debemos continuar tranquilamente con nuestro trabajo y nuestros impuestos, redimiendo el tiempo en nuestro estado de vida, incluso cuando ocurran el nacimiento milagroso o el martirio, ‘de alguna manera en una esquina’, tal vez en algún improbable Belén como nuestro patio trasero. Puede haber alguien leyendo estas palabras ahora mismo que, como Santa Margarita María o Santa Catalina Laboure —siendo desconocido para ellos mismos—, sea el punto focal de un gran cambio histórico. En todo el mundo a esta misma hora, María y sus ángeles se mueven entre la raza humana. Si consagramos nuestros corazones al Suyo, podríamos estar entre quienes hagan la diferencia.”

 [http://www.edocere.org/biographies/our_schoolmaster_remembered_dr_john_senior.htm]

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